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Cartas desde Mozambique

publicado a la‎(s)‎ 14 dic. 2009 7:59 por Gam Tepeyac

    Transcribimos, a continuación, una carta enviada a sus amigos por Moisés San Martín, voluntario, que ha pasado tres meses en una misión en Mozambique. Podemos contemplar la vida cotidiana de una persona que intenta configurarse con la realidad a la que acude y en la que su mayor gloria es que le hagan sentirse como uno de los suyos.


Estimados amigos:

 

   Ya me encuentro de nuevo disfrutando de Mozambique, en el distrito de Matutuine, que está al sur del país pegando a Sudáfrica, en una zona rural a unos 90 kilómetros de la capital (Maputo), en un orfanato perteneciente a la diócesis de Maputo que se llama Missão São Roque.

    La Misión dispone de escuela e iglesia, además del internado. También tenemos biblioteca, salón de actos y sala de TV, almacenes, corrales (con cerdos, cabritos, burros) y varias huertas y tierra donde se cultivan lechugas, zanahorias, tomates, cebollas y mandioca yuca). En el centro hay ahora 37 chicos (niñas y niñas) de edades entre 4 y 13 años. Con todos estos chicos, es imposible aburrirse.

    Esta es mi tercera vez. Estoy en compañía de Avelino, un amigo de Valladolid, y una voluntaria portuguesa, Marcia.

    

La vida comienza a las 5´30 de la mañana, hora en la que amanece. A partir de las 7 de la mañana comienzan las clases del grupo de mañana, que se prolongan hasta las 12 horas. Desde esta hora entraría el grupo de tarde, con clases hasta las 17 horas. A partir de las 17´30 comienza a anochecer, y a las 21 horas se acuestan todos los chicos, después de cenar.

 

   Continúo aprendiendo la lengua local, el ronga, ya que si bien la lengua oficial es el portugués, hay mucha gente mayor que no habla más que su lengua materna. Esta lengua pertenece a la familia bantú, y por supuesto he aprendido algunas palabras sueltas. En estos momentos ya tengo el nivel suficiente para que aquellos que desconocen el ronga piensen

que entiendo perfectamente. El pasado domingo, en la Misa leí la primera lectura en ronga. Aquí las celebraciones son bilingües. Con gran expectación, por parte de la comunidad, me lancé a hacer la lectura, y se quedaron sorprendidos y admirados. Al final de la misa se acostumbra presentar a toda la gente nueva que viene a la celebración. Acababa de llegar otro voluntario portugués que ya estuvo conmigo en 2005. Preparé unas frases en ronga para hacer su presentación. Al final el hombre que hace la traducción de portugués a ronga, tuvo que traducir de ronga a portugués.

 

   Me dijeron que era casi mozambiqueño. Aunque esto de aprender la lengua lo tengo como entretenimiento, sirve para comunicarse mejor con la gente.

    También me surgen algunos trabajos en la ciudad, Maputo. La semana pasada estuve en otro centro, en el que tienen orfanato, guardería y escuela. No llevé el coche, y a pesar de estar a 100 kilómetros, salí a las 6 de la mañana de la misión y llegué al centro a las 10´30 horas. Toda una odisea. Primero me acercaron a la parada del autobús, luego cogí un autobús atestado de gente, a continuación un barco, y por fin un transporte ya dentro de la ciudad. Todo ello con la herramienta encima. Trabajo aquí no falta, si bien lo que me falta a mi es tiempo, que aquí, como en todos los sitios, pasa muy deprisa.

    Disculpadme los que me habéis escrito y no os he contestado, no me sobra mucho tiempo, y a veces acabo agotado. Bueno, gracias a Dios, de salud estoy perfectamente. No he cogido malaria, que es lo habitual aquí. Así que puedo estar contento.

    Recibid un fuerte abrazo. Moisés San Martín

                Verano 2007

 

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